Martín Almada: «Paraguay: el deber de la memoria»

almadaHay que conocer el valor de la Memoria y el costo del olvido respecto al pasado de los pue­blos. En este sentido, Paraguay es un país que no ha saldado sus cuentas con el pasado porque esta abrumado por el olvido. Nuestro país na­ció y creció en el olvido de sus tragedias y de sus muertos.

Paraguay fue conquistado por los españoles en 1537, y estos iniciaron rápidamente una políti­ca de integración a través de las uniones con las mujeres nativas, lo que dio lugar a la aparición de los “mestizos”.

No sabemos cuantos españoles llegaron al Pa­raguay, pero si sabemos que no llegaron con intenciones de quedarse ni de constituir una familia, sino en afanosa búsqueda del tesoro de “El Dorado”, lugar de extraordinaria riqueza en oro y plata.

La Corona española, para generar riqueza, dis­puso en todos los territorios conquistados la distribución de tierras e indios a los coloniza­dores, pero Paraguay, el gigante de la Provincia de Indias, fue solamente un lugar de amparo para pocos españoles, pero estos procrearon con muchas mujeres dando lugar a hijos a los que no dedicaban debida atención, atentos como estaban sólo a la búsqueda del imagina­do “El Dorado”.

Cuando regresaban de sus frustradas excursio­nes engendraban más hijos, que crecían hablan­do lógicamente la lengua materna: el guaraní. Los españoles se vieron obligados, por este hecho, a hablar el idioma de su familia, e in­clusive escribieron muy pronto un diccionario guaraní/castellano, cuyo autor fue el Padre An­tonio Ruiz de Montoya, quien en 1639 publicó el “Tesoro de la lengua guaraní”.

Se ha dicho, y se dice, que el idioma nativo se mantuvo porque era “dulce”, pero en reali­dad, según la Memoria, se mantuvo porque era “amargo”. Es decir, porque era la lengua de los explotados en las enormes plantaciones donde se cultivaba la yerba mate para la exportación a la metrópoli.

De igual manera que la lengua, la Memoria también mantuvo a través del tiempo el recuer­do de la creación en Paraguay de la Ciudad de Dios de San Agustín, a cargo de los sacerdotes jesuitas a principios del Siglo XVII, con más de 100.000 indios distribuidos en 30 reduccio­nes o municipios.

Es una de las experiencias más grandes de la historia sobre vida comunitaria; para algunos una auténtica sociedad socialista donde se dis­tribuía la riqueza y no la pobreza. Pero las Re­ducciones jesuitas comenzaron a ser una ver­dadera amenaza a la Corona española porque el proyecto era autónomo y desarrollaban una estructura económica y social que no dependía de los países centrales.

La experiencia duró no obstante 160 años, y fi­nalmente el Rey Carlos III, en 1767, expulsó a los jesuitas y aplastó y liquidó las reducciones porque ponían en peligro el modelo capitalista en gestación en la región.

La experiencia histórica de las reducciones no puede quedar en el olvido pues representaban un movimiento profético cristiano que quería construir un nuevo cielo y una nueva tierra, una tierra sin mal. Por desgracia, finalmente sucumbieron ante el modelo explotador del te­ rritorio y su población, A los jesuitas de aquel tiempo le pasó lo que a Jesús cuando se enfrentó a los poderes estable­cidos. Los jesuitas, con su idea de desarrollo autónomo y de concepción comunitaria de la sociedad, se enfrentaron también con el poder y con la concepción explotadora de la Corona española y del Vaticano. Así pues, la historia de aquel exitoso proyecto jesuita de desarrollo comuni­tario fue sepultada y ocultada. Era, evi­dentemente, un ejemplo que había que hacer desaparecer, y que hoy es impera­tivo rescatar de la historia.

almada1El investigador boliviano Rafael Puente Calvo nos dice que “Evangelio significa Buenas Noticias”. Agrega, “Intentemos exprimir el contenido de los Evangelios, a ver cual es, en último término, esa Buena Noticia que trae Jesús y que es objeto de su predicación y de su vida. No olvidemos que dicha noticia le acarreó el odio y la muerte por parte de los poderosos de su tiempo. Señal de que era una noticia intolerable para ellos… porque Dios esta entre nosotros y para más colmo en el bando de los pobres”.

Con razón el sacerdote colombiano asesinado Camilo Torres dijera con énfasis que “si Jesús viviera sería guerrillero”. El ejemplo cristiano surge de la Biblia. Cristo nunca fue propieta­rio, se rodeó de humildes, alzó el látigo contra los mercaderes, no fue mercantilista y, sobre todo, condenó el lucro y la explotación.

La Memoria es obstinada, no se resigna a que­dar relegada en el pasado, insiste en su presen­cia. Por eso, hoy sigue presente en el escenario latinoamericano la Teología de la Liberación, que nos habla de nuevo del desarrollo comuni­tario, autogestionario, solidario.

En la Provincia del Paraguay, a diferencia de otros lugares como Perú y México, la econo­mía encomendera no se basó en grandes plan­taciones productivas y por tanto no necesitó de mano de obra masiva.

La economía era casi familiar, los más gran­des encomenderos no llegaron a poseer más de medio centenar de indios encomendados, cosa que facilitó la “miscegenación” o mezcla étnica, biológica y cultural. Es cierto que hubo opresión y violencia por parte de los coloniza­dores españoles, pero fue mucho menor, por ejemplo, que en los lugares mencionados.

Tras la muerte de los colonizadores, a estos le sucedieron inmediatamente los “mestizos”, que ya eran llamados “paraguayos”. Los pri­meros conquistadores del Paraguay no eran españoles de rancio abolengo, por el contrario muchos de ellos habían peleado contra Carlos V y la monarquía en las famosas rebeliones de Castilla. Paraguay, ya entonces, era una Provin­cia rebelde y por ello fue enviado Alvar Núñez Cabeza de Vaca para imponer el “orden”.

Nuestra Memoria también registra una singu­lar historia en relación a la rebeldía del Para­guay: la de José de Antequera y Castro, quien en 1721 fue nombrado por el Rey de España Juez Pesquisidor con el objetivo de “solucio­nar” el problema de los criollos paraguayos, muy subversivos. Antequera, ya en Asunción, en vez de reprimir como correspondía a las ór­denes recibidas, abrazó más bien la causa pa­raguaya, conocida como la Revolución de los Comuneros, al plantear que: “La voluntad del común es superior a la del propio Rey”, hecho que provocó una rebelión. Por ello fue conde­nado a muerte y ejecutado en la Plaza de Armas de Lima en 1731.

Cuando se fueron los españoles en mayo de 1811, asumió la conducción, primero intelec­tual y después material del país, el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, egresado de la Universi­dad de los Jesuitas en Córdoba, Argentina. Con el solo hecho de mencionar el nombre del Dr. Francia, el “Maximiliano Robespierre” para­guayo, se activan sentimientos y se interrogan sentidos en los que se construye y reconstruye la Memoria del pasado.

La burguesía paraguaya nació integrada a los intereses del capital porteño y éste nació inte­grado a los intereses del gran capital inglés. El Dr. Francia tenía clara conciencia de esta situa­ción y en consecuencia actuó sin piedad contra sus compañeros de causa de la independencia que tenían fuertes vínculos económicos con los porteños.

La nota del 20 de julio de 1811, a la Junta de Buenos Aires, expresa en forma clara y cate­górica la independencia de Paraguay tanto de Buenos Aires como de la Madre Patria. Para­ guay se declara República y ratificó su posición de desarrollo autónomo mientras que en toda la Región simplemente cambiaron de amo, es decir, rompieron con España pero cayeron sin condiciones en los brazos del imperio inglés “in crescendo”.

Tanto Argentina como Brasil fueron los más encarnizados enemigos de la nueva República, cuya independencia nacional defendió con te­nacidad el Dr. Francia. Según la historia escrita por la burguesía de la época, y sostenida hasta la fecha, Francia dejó un país rico pero ignorante. No obstante desde una concepción marxista la actuación del Dr. Francia se revela en términos diferentes, como que “la dictadura nacional revolucionaria suscitó una oposición encona­da de parte de todas las clases dominantes y de las corporaciones privilegiadas del sistema colonial. En consecuencia, el líder jacobino de la revolución se vio en la necesidad de adoptar medidas drásticas no solo para dominar esas fuerzas sociales regresivas sino también para substraerles su base económica y quitarles así su influencia política. Expropió prácticamente a los comerciantes españoles por medio de las confiscaciones, multas, contribuciones forzo­sas y adjudicación de sus herencias al Esta­do. Expropió a las Congregaciones religiosas, convirtiendo a sus siervos y arrendatarios en campesinos libres. Quebró la oposición de la Iglesia Católica, substrayéndole su base eco­nómica y subordinándola totalmente al Estado Nacional”. (Paraguay. Educación y Dependen­cia, Buenos Aires.1979).

Los pocos extranjeros que en tiempo del Dr. Francia pudieron ingresar al país quedaban ad­mirados de ver a la población paraguaya mane­jar el arte de la lectura y escritura. Según Cesar Famin: “Las escuelas públicas son establecidas en todos los lugares y los habitantes del Para­guay, indios y criollos, saben todos leer, escri­bir y contar”.

Al Dr. Francia le sucedió Don Carlos Antonio López, quien consolidó la labor iniciada por aquel en la descolonización española, evitan­do la dependencia del imperio emergente, In­glaterra, prescindiendo absolutamente de los créditos ofrecidos por los bancos privados de este país. Como el Dr. Francia, Don Carlos de­fendió tenazmente la independencia nacional, sobre todo del peligro que entrañaba la política expansionista del Brasil.

Alrededor de 500 técnicos extranjeros fueron contratados por el gobierno para llevar a cabo los trabajos de infraestructuras con miras a la industrialización del país. Así llegaron Ingenie­ros civiles y mecánicos, ingenieros prácticos de locomotoras, arquitectos, médicos, dibujan­tes, mecánicos, farmacéuticos, escultores, edu­cadores, escritores, obreros prácticos para las vías del ferrocarril, etc.

La mayor parte de los técnicos contratados fueron Ingleses. Estos extranjeros contratados contribuían con su ciencia y recibían una alta remuneración por su servicio profesional, pero bajo ningún concepto podían participar en las cuestiones comerciales internas y mucho me­nos internacionales. Se les negó también el de­recho de comprar propiedades en el país.

Paraguay acabó por convertirse en un vasto ta­ller de trabajo fecundo y en una granja ideal en actividad continua, generadora y distribuidora de riqueza. En el país no había mendigos, y con su educación primaria y sus escuelas-taller y el trabajo obligatorio se adelantó a los países ve­cinos, hecho que preocupó al imperio de turno. Era un mal ejemplo para la Región.

En 1862 murió Carlos Antonio López y le tocó a su hijo, Francisco Solano, la tarea de prose­guir la conducción del país, fundamentalmente defender la soberanía ante la permanente pre­tensión anexionista del Brasil y la Argentina.

Bajo presiones del gobierno británico, el 1º de mayo de 1865 se firmó en secreto en Buenos Aires el Tratado de la Triple Alianza por parte de los ministros de Relaciones Exteriores de Argentina, Brasil y Uruguay para derrocar al gobierno “supuestamente tiránico” del Para­guay.

almada2Dicho tratado secreto fue denunciado públi­camente en París por el gran jurisconsulto Ar-gentino Juan Bautista Alberdi, denuncia por la cual fue declarado traidor y perseguido impla­cablemente hasta su muerte por el Presidente Argentino, Bartolomé Mitre.

La guerra del Paraguay con Brasil, apoyado éste por Argentina y Uruguay, e inspirada por Gran Bretaña, duró cinco años (1865-1870). Finalmente, el 1º de marzo de 1870 el Maris­cal Francisco Solano López fue lanceado por la tropa brasileña en “Cerro Cora”. La osadía de querer ponerse de pie y no vivir arrodillado le costó la muerte a Solano López, y también mo­tivó la tragedia que conoció a partir de enton­ces el pueblo paraguayo, hasta nuestros días. Francisco Solano López luchó y murió por un país soberano, es decir, sin deuda externa, sin pobreza, sin enajenación del patrimonio estatal y de los recursos y reservas naturales.

Es difícil tomar conciencia de la magnitud de la violación de los derechos humanos que pro­vocó la guerra. Más del 70% de la población fundamentalmente activa fue aniquilada; tanto Argentina como Brasil se ensañaron contra los vencidos eliminando a 9 de cada 10 adultos.

La razón de tanta maldad fue haber logrado Pa­raguay un desarrollo económico independien­te. Esta es la Memoria de la Impunidad, que se completó cuando Brasil anexionó a su imperio 62.325 km2 de la zona más rica del Paraguay y Argentina por su parte hizo lo mismo con 156.415 kms2.

Los vencedores impusieron una copia de la constitución argentina, que era, a su vez, co­pia de la norteamericana, y a la uni­versidad, colegios y escuelas les fue impuesto, igual que al ejército, el mo­delo francés. El país se reconstruyó gracias a sus valientes mujeres de la “Residenta”.

Inglaterra, a través de sus colonias, Brasil y Argentina, estableció en su beneficio un sistema de economía liberal, así como impulsó los dos partidos tradicionales: el Partido Co­lorado, creado vía Brasil, y el Partido Liberal, creado vía Argentina.

Así se instaló en Paraguay el modelo bipartidista inglés vigente lastimosa­ mente hasta la fecha, y que dio como resultado violencia, corrupción e impunidad, junto con una pobreza explosiva.

El profesor argentino Atilio Boron, político y sociólogo, afirma que “En el bipartidismo quien recauda mas fondos gana las elecciones para luego gobernar a favor de los intereses de sus financistas”.

No contentos con la deformación social, los invasores llevaron a la práctica la deformación geográfica al establecer ciudades-estados a lo largo de los ríos Paraguay y Paraná, con un ré­gimen esclavista. Un país de todos se convirtió en un país de unos pocos.

El gobierno brasileño dio su acuerdo/garan­tía para que Inglaterra concediera su primer empréstito al gobierno paraguayo; de la suma convenida de un millón de libras esterlinas solo llegó el 15 % a Asunción, el 85% se es­fumó en el trayecto Londres/Río de Janeiro/ Asunción. Así se inauguró el modelo capitalis­ta en Paraguay.

J.Natalicio González, escritor paraguayo, ex Presidente de la República, dirá después que “Inglaterra, sin comprometer un solo hombre, ni un fusil a chispas, con su diplomacia ob­tuvo el mismo resultado que la Compañía de las Indias Orientales en Bengala: arrasó drás­ticamente con el único Estado refractario a su dominación neocolonial en Latinoamérica”.

Argentina se quedó con el territorio ocupado pero entregó lo saqueado: los muebles y las ropas de la esposa del Mariscal Francisco So­lano, Madame Elisa Alicia Linch.

Brasil se quedó con la zona más rica del país y hasta ahora se niega a devolver lo saqueado: la Biblioteca Nacional, tarea pendiente como también está pendiente la anulación del Trata­do injusto de ITAIPU firmado ilegalmente por el gobierno dictatorial del general Stroessner en 1973. El botín de guerra de 1865-1870 lo constituirá la apropiación de las tierras públicas por parte de una reducida familia y de sociedades anóni­mas extranjeras. La venta masiva de las tierras públicas fue la estrategia de la dependencia hasta la fecha. Tras un genocidio planificado,

nos insertaron en la expansión del capitalismo mundial de una manera subordinada, con una posición desventajosa en la división interna­cional del trabajo, especializándonos en pro­ductos con poca creación de valor y teniendo como principal instrumento para ajustarse a esa situación la sobreexplotación del trabajo. El ca­pital extranjero que llegó no vino para promo­ver el desarrollo del país, sino para sojuzgarnos y transformarnos, hasta la fecha, en una simple factoría dependiente de Brasil y Argentina.

Los dos partidos políticos tradicionales se dis­putaron el poder y provocaron numerosos gol­pes de Estado con miles de víctimas. A partir de la guerra de la Triple Infamia (1865/70) hasta la fecha, seguimos sintiendo una fuerte sensación de desamparo, y la liquidación de la Memoria es imprescindible para que se desco­nozca el precio que se pagó por la inserción de Paraguay a la economía internacional, salvaje y criminal, por la liquidación de nuestra inde­pendencia y por la subordinación a los intere­ses extranjeros.

almada3El último intento de descolonización

El gobierno inglés fue el autor intelectual de la Guerra 1865-1870, con el claro apoyo de los EEUU de Norteamérica, que irrumpía en el escenario mundial también con ansia impe­rialista, desplazando al Imperio Británico. Sus víctimas de turno fueron: Paraguay y Bolivia. La lucha era por la posesión del subsuelo del Chaco, entonces disputado económicamente por las empresas petroleras Shell Company y la Stándar Oil Company.

En 1903, Brasil repitió su hazaña de 1865 con­ tra Paraguay firmando con Bolivia el Tratado de Petrópolis y apoyando la salida de este país sobre el río Paraguay, con lo cual se proponía quebrar el equilibrio a su favor, incorporando a retaguardia la Argentina, un estado andino bajo su patrocinio. En este Tratado está la base de la guerra entre Bolivia y Paraguay que sobrevino 30 años después.

En 1920 el gobierno boliviano realizó un sin­gular negocio: cedió a las petroleras norteame­ricanas un millón de hectáreas de tierras en la zona petrolífera del Chaco paraguayo, con lo que obtuvo a su favor el apoyo del influyente

sector comercial de los Estados Unidos. Pero en el propio seno del Congreso norteamericano alguien levantó la voz para denunciar ese “sin­gular negocio” instando que se parara la gue­rra entre Bolivia y Paraguay. La voz era la del senador norteamericano Huey Long, y su acti­tud le costó la vida; hoy una calle de Asunción honra su memoria llevando su nombre.

La guerra, llamada del “Chaco”, duró 3 años (1932-35) y se cobró la vida de más de 60.000 bolivianos y de más de 30.000 paraguayos. Fue la guerra más sangrienta que se libró en América Latina, durante el siglo XX, motivada absolutamente por la producción y el control del petróleo.

El 17 de febrero de 1936, la oficialidad joven del ejército que había luchado en la guerra del Chaco tomó el poder, asumiendo el gobierno el coronel Rafael Franco. Las primeras medidas económicas tomadas por el nuevo gobierno, de corte socialista, afectaron los intereses de las empresas extranjeras, lo que provocó que se gestara la contrarrevolución.

Hay que recordar que se creó el Ministerio de Agricultura, enarbolando la bandera de que “la tierra es de quien la trabaja” y con la idea de que se explotara la tierra y no al hombre; se creó el Consejo Nacional de Reforma Agraria, beneficiando de inmediato a más de 10.000 familias campesinas; se creó el Departamento Nacional de Trabajo, estableciendo la jornada laboral de 8 horas diarias; se creó el Ministerio de Salud Publica y el Departamento de Salubri­dad Rural, y la Caja de Previsión.

Los puertos privados que eran ciudades-estados fueron abiertos e integrados al patrimonio na­cional. En educación se promovió la creación y funcionamiento de los servicios educativos en todos los centros de producción y se crearon Universidades Populares.

Al respecto se pronunció el Dr. Osvaldo Chávez, hombre público que conoció tam­bién la persecución de la dictadura de Alfredo Stroessner: ”Después de la frustrada experien­cia revolucionaria de 1936, aquel gobierno fue el que hizo el esfuerzo más serio y consistente para promover una distribución más equitativa de la renta nacional y romper los lazos de la de­pendencia”. Una conspiración militar reaccio­naria, alentada por Argentina y Brasil, con el claro beneplácito de Washington, terminó con este período progresista a los 18 meses.

Haciendo una síntesis de nuestra historia, pode­mos decir que el Dr. Francia se enfrentó con la Corona española y con el Vaticano, Don Carlos y el Mariscal Francisco Solano López se en­frentaron con la corona británica, y el gobierno revolucionario del Coronel Rafael Franco se enfrentó con el imperio norteamericano. Hay que reivindicar la Memoria de todos ellos y de su obra manteniendo la dignidad de la nación, y hay que rescatar su trayectoria y darla a cono­cer para que sirva de ejemplo en nuestros días.

11 años después del golpe militar reaccionario, una coalición cívico/militar inició una revolu­ción en la Ciudad de Concepción, al norte del país, enarbolando los mismos ideales de Sola­no López y de Rafael Franco. Fue una revolu­ción triunfante hasta que intervino Argentina a través del General Juan Domingo Perón, quien hizo fracasar estrepitosamente este último planteamiento revolucionario en Paraguay al proporcionar sofisticadas armas a los oficiales reaccionarios en el poder. Esa Guerra Civil se conoce como la Revolución del 47 y también se cobró miles de victimas.

El 4 de mayo de 1954, amparado por las em­bajadas brasileña y norteamericana, el General Alfredo Stroessner dio un golpe de Estado des­alojando del poder al gobierno civil en crisis del Presidente Federico Chávez. Así terminó la política pendular de Paraguay entre Argentina y Brasil. A partir de entonces, por la traición de Stroessner, Paraguay se convirtió en una colo­nia de colonia, colonia de segundo grado, es decir del Brasil, que a su vez es colonia norte­americana.

Su primera victima fue el Dr. Roberto L. Petit, colorado revolucionario que, en su condición de Presidente del Instituto de Reforma Agraria, estaba promoviendo la Reforma Agraria y la creación de cooperativas campesinas de pro­ducción; también, como Jefe de Policía, abrió todas las cárceles con el mensaje que “bajo el gobierno colorado no puede haber presos po­líticos” y liberó a todos los dirigentes progre­sistas (febreristas y comunistas). Todo ello le costó la vida, pues fue asesinado por orden de la Embajada norteamericana.

El dispositivo del terror

El aparato represivo fue la columna vertebral de la dictadura que se instaló. Para el efecto, en 1956 Stroessner contrató los servicios del coronel de inteligencia norteamericano, vete­rano de la guerra de Corea, Robert K.Thierry, para la creación de la primera escuela de ase­sinos en América Latina, bajo el nombre de la Dirección de Asuntos Técnicos (o La Técnica), dependiente del Ministerio del Interior. Su con­traparte nacional fue el Dr. Antonio Campos Alum, hoy prófugo de la justicia, según los Ar­chivos del Terror de la Operación Cóndor.

Aparentemente el objetivo de las sesiones de torturas, sobre todo el “submarino” o “water­boarding” que introdujo el coronel Thierry en 1956, primero en La Técnica y luego en todos los centros de tortura, era la obtención de la in­formación sobre actividades subversivas, pero en realidad lo más importante para Stroessner era mantener activo el dispositivo del Terror, por eso ayer, y aún hoy, en Paraguay el miedoes nuestra segunda piel. En la década del 60 se abrió un periodo de fir­me resistencia a la dictadura militar de Alfredo Stroessner con la aparición de movimientos guerrilleros como el del “14 de Mayo”, liderado por la juventud progresista del Partido Liberal, o el del FULNA, de inspiración comunista. Ambos movimientos revolucionarios fueron aplastados brutalmente y sus integrantes tor­turados y asesinados a mansalva. A partir de 1954 y hasta 1989, el Paraguay de Stroessner fue un país insular rodeado de tierra, donde los territorios no estaban separados por mares de agua sino por ríos de sangre y por ríos de dineros mal habidos; un país que convirtió a sus gloriosas Fuerzas Armadas en bandas de ladrones y asesinos. Stroessner hizo regresar el país a su condición de colonia, exclusivamente brasileña. Hoy, a más de 19 años de democracia tutelada, los asesinatos y desapariciones se encuentran aún sin esclarecer y con casi todos los asesinos y torturadores gozando de libertad.

Es imprescindible que termine esta impunidad para poder construir una sociedad democráti­ca con perspectivas de futuro. Y para ello es esencial el ejercicio de la Memoria, sólo con ella acabaremos definitivamente con una impu­nidad instalada en nuestra vida cotidiana, muda y congelada, y que el cuerpo social aún no ha digerido. Una impunidad que aún protege, por ejemplo, a los principales protagonistas de la Operación Cóndor.

almada4En la década del 70, el gobierno de Stroessner firmó con los otros gobiernos militares de la re­gión la Operación Cóndor. Pacto criminal en­tre Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.

La Operación Cóndor. se llevó a cabo en el marco de la norteamericana Doctrina de Se­guridad Nacional, donde el principal enemigo del gobierno es el enemigo interno: primero su población contestataria e insurgente, luego el resto: profesionales, gremios, estudiantes, in­telectuales, religiosos, artistas, hasta los indi­ferentes.

Según Patricia Valdez, la metodología ideada por los Estados Unidos de Norteamérica para acabar con la oposición política y generalizar el terror en América Latina se iniciaba con el secuestro, la suspensión de la noción del tiem­po, la ocultación del acto criminal con el eufe­mismo de la figura de la Desaparición y termi­nando con el ocultamiento de los cuerpos de las victimas.

La definición de “desaparecido” es un eufe­mismo macabro, aunque obsceno en su ironía, que disfraza el asesinato de cientos de niños y adultos cuyos autores fueron policías y/o ejér­citos, y que permanecen impunes y protegidos generalmente por la justicia.

Nuestros militares, formados en la Escuela de las Américas, escuela de asesinos de la zona del canal de Panamá, construyeron cárceles y centros clandestinos de detención para encerrar a las ideas; querían encerrar el pensamiento dentro de cuatro paredes, pero olvidaron lo que había dicho el gran educador argentino Sar­miento al cruzar los Andes perseguido por sus enemigos: “Bárbaros, las ideas no se matan”.

En síntesis, la Operación Cóndor asesinó fría y calculadamente conforme a la receta de Was­hington; violó, desterró, quebró. En conse­cuencia desarticuló los lazos sociales que per­mitían proyectos alternativos e intentó destruir la capacidad social de creación de un Proyecto Nacional y Regional. No podemos olvidar este hecho, y la Memoria es la mejor arma para lu­char contra el olvido.

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El 4 de mayo de 1989 tuvo lugar un “cuartela­zo” militar que terminó con 35 años de dictadu­ra de Alfredo Stroessner. No fue una revolución victoriosa, fue un simple relevo de guardia. No cambió la naturaleza corrupta del Estado aun­que cambiara el régimen político. Stroessner dejó un país culturalmente vacío, además con una pobreza explosiva.

Como el Estado paraguayo sigue ocultando sus crímenes históricos contando siempre con la complicidad del Poder Judicial, se creó la Comisión de Verdad y Justicia, cuyo mandato terminó en el mes de agosto de 2008.

Un aspecto positivo de nuestra “democracia tutelada” ha sido la creación del Museo de las Memorias. Dictadura y Derechos Humanos. También la incorporación en el sistema Edu­cativo de la “Historia Reciente en el Aula”, es decir, la historia negra de la Dictadura militar.

La política del actual gobierno democrático, desde 2008, tiene por objetivo proteger a los inversionistas, sobre todo a las multinaciona­les, silenciar las demandas populares y repri­mir a aquellos sectores que se movilizan recla­mando justicia.

Se observa la presencia permanente y en au­mento progresivo de personal policial, militar y de Agentes Fiscales en las zonas de conflicto, colocando a numerosas comunidades empobre­cidas en verdaderos Estado de Sitio, como en los peores tiempos de la dictadura, según nos recuerda la Memoria. La burguesía y el impe­rio limitan la democracia paraguaya a lo elec­toral cada cinco años, pero esto es totalmente insuficiente para avanzar históricamente.

Somos conscientes que tenemos que preservar la Memoria histórica y para ello crear espacios para que la ciudadanía debata sobre temas de Derechos Humanos y de Educación para la Paz.

Queremos una paz en América Latina construi­da sobre la justicia, sobre la razón y el corazón, no la paz construida sobre la impunidad.

En conclusión, no es el odio lo que nos ha mo­vido a lo largo de estos años de lucha. Es más bien el dolor transformado en coraje, en fuerza liberadora. Es el amor por nuestros seres que­ridos, por nuestra familia, por el país, lo que nos mueve a luchar por rescatar la Memoria histórica. Y lo haremos gracias a la enseñan­ za de la historia no oficial, fundamentalmente basada en nuestra propia memoria, que duele y enseña. Si la Memoria de ayer fue de dolor y de llanto, nos queda el futuro que tiene que ser de espe­ranza y de triunfo, de saber que venceremos a la impunidad y que triunfará la justicia, porque en el camino de la justicia está la vida.

Asunción, mayo de 2013

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