Deuda y cooperación militar con EEUU: dos caminos equivocados

Por Atilio Boron, sociólogo argentino

En una entrevista reciente que me hiciera la Televisión Pública por primera vez en algo más de cuatro años me extendí en una argumentación tendiente a demostrar la absoluta e impostergable necesidad de auditar la deuda externa contraída por el macrismo antes de negociar con el FMI, investigar su génesis, los objetivos que se perseguían con el endeudamiento y que fue lo que se hizo con esos dineros.

La entrevista se encuentra disponible en: www.youtube.com

Porque, como manda el sentido común, para negociar el pago se impone saber, con exactitud, que es lo que la Argentina debe y qué es lo que deben quienes se apoderaron de gran parte del préstamo del FMI para montar una gigantesca operación de fuga de divisas puestas a buen resguardo en los principales paraísos fiscales del mundo. Sería un grave yerro pagar por lo que no hemos recibido, por un dinero que transitó fugazmente por la Argentina y que fue capturado por los “amigos del régimen” para su provecho, como lo denunció durante su campaña para las elecciones presidenciales el propio Alberto Fernández.

Eso por una parte. Pero el tiempo me jugó una mala pasada y al extenderme en las consideraciones precedentes ya  no pude referirme a lo que la ley denomina «Autorización de introducción de tropas extranjeras en el territorio de la Nación y salida de fuerzas nacionales fuera de él”, tema que ha sido objeto de un impecable tratamiento por Mempo Giardinelli en la nota que publicara en Página/12 razón por la cual al hacer mías sus palabras pego su artículo a continuación.

Ver: www.pagina12.com.ar

Añado, simplemente, que esos “ejercicios conjuntos” no son tal sino operaciones de ultramar que realizan la Flota de Mar de EEUU y los Marines en función de los objetivos militares de ese país, de sus prioridades bélicas, de sus necesidades de experimentar con nuevos equipos y armamentos y que para nada tienen en consideración las necesidades argentinas. No son ejercicios que potencien la capacidad operativa de nuestras fuerzas armadas para defender la soberanía nacional o para estar en mejores condiciones ante nuestra hipótesis de conflicto con el Reino Unido, que está depredando nuestro mar continental, saqueando nuestros recursos y continúa ocupando las Islas Malvinas. 

Por lo tanto, aun cuando fuera un compromiso pre-existente firmado por el gobierno anterior debería haber sido rechazado por los legisladores. Y tener en cuenta que esta proyección del poderío militar de EEUU en el Atlántico Sur tiene por objetivo posicionarse, con un pie en la base de la OTAN en las Malvinas (y quien dice OTAN dice el Pentágono, como más de una vez lo remarcó el New York Times) en una locación estratégica para controlar el acceso a la Antártida, el último territorio por ahora a salvo de la depredación capitalista.

Lo anterior, unido a las promesas de Macri de autorizar la instalación de tres bases militares de EEUU en territorio argentino (y sobre lo cual reina el más absoluto secreto que esperamos que este nuevo gobierno devele cuanto antes) convierten a esos “ejercicios conjuntos” en una tapadera para ocultar el verdadero designio de Washington que, desde 1823 hasta hoy, es fiel a la creencia de que el enorme territorio que se extiende al sur del Rio Bravo les pertenece.

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