En Guatemala, El Salvador y Argentina siguen las demandas por la Justicia y la Memoria

El Viernes 23 de marzo marcó el 36 aniversario del golpe de estado de 1982 y que dejó a Efraín Ríos Montt, graduado de la Escuela de las Américas (SOA por sus siglas en inglés), en el poder. Como su predecesor, el también graduado de SOA, General Manuel Benedicto Lucas García, Ríos Montt continuó la Doctrina de Seguridad Nacional. De 1962 a 1996, cuando los Acuerdos de Paz fueron firmados, 200 mil guatemaltecos fueron asesinados, 45 mil desaparecidos, más de 200 mil se convirtieron en refugiados, un millón de personas fueron desplazadas internamente, 600 situaciones fueron catalogadas como masacre, y hubo actos de genocidio como los sufridos por las comunidades indígenas a través de las campañas de Tierra Arrasada, de acuerdo al informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas de 1999 “Guatemala, Memoria del Silencio”. El ejército fue responsable de la vasta mayoría de violaciones a derechos humanos, todas llevadas a cabo con impunidad, y una política de racismo y exclusión histórica e las comunidades indígenas. El régimen de Ríos Montt fue apoyado completamente por los EEUU.

El 10 de mayo de 2013, una corte suprema de Guatemala sentenció a Ríos Montt a 80 años de prisión por haber sido hallado culpable de ser el autor intelectual del genocidio contra el pueblo Ixil Maya y por crímenes en contra de la humanidad (la pena máxima permitida en Guatemala; 50 años por crímenes por genocidio y 30 años por crímenes en contra de la humanidad). A pesar del anulamiento de la sentencia, el juicio por genocidio ha empezado de nuevo y Ríos Montt enfrenta cargos de nuevo por genocidio y crímenes contra la humanidad. Desde 2013, cada 23 de marzo se conmemora como el Día Internacional contra el Genocidio, y la gente de Guatemala sigue inspirándonos y enseñándonos que la búsqueda por justicia es posible.

Al mismo tiempo que mantenemos presentes a nuestros hermanos y hermanas de Guatemala, también levantamos la memoria para recordar que en Argentina se conmemoran 42 años desde el golpe acontecido el 24 de marzo de 1976. Celebramos la continua lucha por memoria y justicia, como el reciente juicio del caso ESMA, donde militares cómplices del régimen golpista fueron responsables del asesinato y desaparición de 800 personas. Asimismo, el reconocimiento legal de los “vuelos de la muerte” como estrategia de Estado durante el régimen de la junta militar encabezada por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, graduados de la Escuela de las Américas, ayudará en el enjuiciamiento de los responsables. En el mismo sentido, recientemente fue revocada la prisión domiciliaria a Miguel Etchecolatz, quien volverá a la cárcel para cumplir su cadena perpetua.

Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S Argentina y otras tantas agrupaciones argentinas, junto con la solidaridad internacional, siguen la lucha por la verdad y la memoria por los 30 mil detenidos desaparecidos y no descansarán hasta que la justicia se haga presente.

Finalmente, el 24 de Marzo de 1980 Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, fue asesinado a la edad de 62 años. Monseñor Romero representaba la esperanza de justicia para un país desgarrado por una guerra civil que duró 13 años y por la constante intervención estadounidense en repercusión de los intereses del pueblo salvadoreño. A 38 años del asesinato de Romero, no olvidamos que las investigaciones de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas para El Salvador, junto con investigaciones periodísticas y académicas, muestran que el mayor Roberto d’Aubisson fue el autor intelectual del asesinato del sacerdote. D’Aubisson es uno de los graduados destacados de la Escuela de las Américas y, además del asesinato de Monseñor Romero, también se le responsabiliza por la organización de escuadrones de la muerte. Mientras la iglesia católica ha aceptado la santificación de Monseñor Romero, todavía sigue siendo necesario un proceso de verdad y justicia que honre la memoria de los cientos de miles de personas asesinadas y desplazadas durante la época del conflicto y cuyas consecuencias son todavía visibles a la luz de la situación de violencia y migración forzada de El Salvador.

La gente de los EEUU puede y debe llamar a cuentas a los responsables por entrenar a graduados de la SOA como Ríos Montt, Videla o D’Aubisson. Similarmente, el cierre definitivio de la Escuela de las Américas continua siendo una deuda histórica de los EEUU con América Latina. SOA Watch reafirma su compromiso de solidaridad activa y enaltece la lucha del pueblo guatemalteco, salvadoreño y argentino, quienes valientemente continúan buscando justicia en medio de tanta impunidad.

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