Alerta de Acción: Situación urgente en Honduras después de las elecciones

1512010968_888365_1512035278_noticia_fotogramaEl domingo 26 de noviembre de 2017, el pueblo hondureño acudió a las urnas y, según los resultados preliminares, rechazaron rotundamente la reelección del actual presidente Juan Orlando Hernández, cuyo partido ha estado en el poder desde el golpe militar liderado por graduados de la Escuela de las Américas (SOA en inglés) en 2009.
 
En las primeras horas del lunes, con el 57% del voto contado, el Tribunal Electoral anunció una ventaja de casi el 5% para el candidato de la Alianza en la Oposición a la Dictadura, Salvador Nasralla. Un juez del Tribunal Electoral calificó la tendencia como ‘irreversible’.
 
Sin embargo, fue en ese momento que el informe de los resultados electorales se estancó y el proceso subsiguiente ha estado marcado por grandes irregularidades, con grandes retrasos en la actualización de los resultados y aumentos repentinos en el conteo de votos para favorecer a Juan Orlando Hernández, desafiando todas las probabilidades estadísticas.
 
Ahora, a 4 días después de las elecciones, los resultados finales aún no se han anunciado mientras que los votos en el sitio web del tribunal electoral aumentan lentamente a favor de Juan Orlando Hernández, en medio del miedo generalizado al fraude y la alteración de los resultados por parte del Tribunal Electoral. Como un observador electoral de España explicó al  New Yorker, “No hay una razón técnica que explique la demora, porque los recuentos de los dieciocho mil centros de votación se transmitieron electrónicamente al Tribunal Electoral el día de la elección”. Lea el artículo del New Yorker aquí.
 
El Tribunal Electoral, así como el Tribunal Supremo y otras estructuras gubernamentales, están alineados con Juan Orlando Hernández quien, respaldado por Estados Unidos, se ha consolidado en el poder durante los 8 años posteriores al golpe, primero como presidente del Congreso y luego como presidente. Es esta consolidación de poder lo que le ha permitido incluso presentarse a la reelección, lo cual es ilegal según la Constitución hondureña.

El miércoles por la noche, Salvador Nasralla y el Coordinador de la Alianza, Manuel Zelaya, anunciaron que no reconocerán los resultados del Tribunal Electoral, citando varios ejemplos de actividad fraudulenta para reforzar los votos de Juan Orlando Hernández y la exclusión de votos de mesas electorales que favorecen a Nasralla. El pueblo ha tomado las calles por todo Honduras para manifestar y exigir que las autoridades electorales respeten el voto. Anoche, fuerzas de seguridad financiadas por los Estados Unidos y bajo el control de Juan Orlando Hernández reprimieron a las masas; además, convoyes militares masivos se han instalado en Tegucigalpa, la capital hondureña.

Hay temor de que la represión se intensificará en medida que más gente se una a las manifestaciones contra el régimen. Mientras esta situación sigue en rápido desarrollo y el régimen de Juan Orlando Hernández se está desenmascarando, más y más sectores de la sociedad continúan levantándose en oposición.

La misión de observación electoral de la Unión Europea y varios congresistas estadounidenses ya han expresado su preocupación, incluyendo a la congresista Jan Schakowsky que manifestó: “Espero que nuestro departamento de Estado pueda, por una sola vez, poner a un lado su apoyo incondicional a Juan Orlando Hernández y evaluar esta elección de manera justa y objetiva. Le debemos al pueblo hondureño respaldar elecciones libres e imparciales – no al candidato de nuestra elección.”
 
Tras 8 años de represión desencadenada por el golpe de estado de 2009, liderado por graduados de la Escuela de las Américas, los Estados Unidos siguen financiando y apoyando a quienes han subido al poder. Mientras que miles de hondureñas y hondureños toman las calles de nuevo para exigir respeto al poder popular y un conteo justo y transparente de los votos que fueron realmente emitidos, los Estados Unidos deben de dejar de apoyar al represivo régimen hondureño, además de parar el financiamiento a las fuerzas de seguridad antes de que provoquen más violencia.
 
 
En solidaridad,
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SOA Watch
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