Ponencia: “El complejo académico-militar estadounidense y sus relaciones con las fuerzas armadas en América Latina”.

I – Introducción

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Estimados y Estimadas:

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De izquierda a derecha, Rina Bertaccini, Sued Lima y Pablo Ruiz

Quiero agradecer a Sued Lima y la Asociación Brasilera de Estudios de Defensa por invitarnos y poder compartir con ustedes nuestras ideas e inquietudes con respecto a la formación militar en la Escuela de las Américas.

Quiero agradecer la confianza del profesor australiano Robert Austin por promover nuestra participación en este panel y así compartir nuestras reflexiones sobre los asuntos que estamos conversando en estos días.

La Conferencia Internacional  sobre “Democracia, Defensa y las Fuerzas Armadas” es una buena oportunidad para el intercambio de ideas y proposiciones desde la sociedad civil hacia las Fuerzas Armadas y policiales.

Los tres términos o conceptos nos interesan desde el punto de vista de los derechos humanos.

Lamentablemente, nunca han estado muy bien incorporados en la práctica y en los hechos en la historia de nuestro continente y en la relación de Estados Unidos con nuestros países.

Para empezar quiero recordar que después de la Segunda Guerra Mundial, que dejo millones de muertos y destrucción en el mundo, se creo las Naciones Unidas.

La Carta de las Naciones Unidas es el tratado internacional fundador del organismo y que hace las veces de su constitución interna. El documento fue firmado el 26 de junio de 1945 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Organización Internacional.

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De izquierda a derecha, RIna Bertaccini, Olga Benário, y Pablo Ruiz

Quiero recordar, para nuestra reflexión, lo que dice el Capitulo I – Propósitos y principios, de la Carta de las Naciones Unidas:

Artículo 1

Los Propósitos de las Naciones Unidas son:

  1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz;
  2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal;
  3. Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión; y
  4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes.

Con la creación de las Naciones Unidas la comunidad internacional se comprometió a no permitir nunca más atrocidades como las que sucedieron en la Segunda Guerra Mundial.

“Los líderes del mundo decidieron complementar la Carta de las Naciones Unidas con una hoja de ruta para garantizar los derechos de todas las personas en cualquier lugar y en todo momento”[1].

Posterior a la creación de las Naciones Unidas se redactó la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948.

Para los que no sepan, la Sra. Eleanor Roosevelt, viuda del Sr. Franklin D. Roosevelt, Presidente de los Estados Unidos, presidió el Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Dos años demoró este proceso para llegar a un acuerdo.

Como dice la abogada chilena Verónica Reyna: “Los derechos humanos son el piso mínimo para que la gente pueda vivir con dignidad y con respeto”.

Y tanto la “Democracia, Defensa y las Fuerzas Armadas” deben obligatoriamente considerarlos en su accionar.

Cualquier análisis y diagnóstico no puede ni debe dejar fuera el respeto y cumplimiento de los derechos humanos.

II – Una mirada a nuestra región 

Este panel quiere reflexionar sobre “El complejo académico-militar estadounidense y sus relaciones con las fuerzas armadas en América Latina”.

En el texto del profesor australiano, Robert Austin, “El Buen Vecino Global: Intervención Estadounidense en Culturas Nacionales 1945-2000”, se detalla los distintos instrumentos que tienen los Estados Unidos para implementar su política de dominación, de inteligencia e intervención en los asuntos de otras naciones.

Dentro de estos instrumentos esta la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Información de los Estados Unidos (USIA), entre otras. También se encuentra la Escuela de las Américas de la cual hablaré más adelante.

Dice Austin que “la CIA ha influido directamente en todos los golpes de estado en América Latina desde 1945, valiéndose del dictamen de Woodrow Wilson según el cual las democracias nacionalistas y populares son una excepción al principio de autodeterminación”.

El texto recuerda el comentario del antiguo Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Foster Dulles, de que: “Los Estados Unidos no tienen amigos: tienen intereses”.

Las revelaciones de los documentos filtrados por Wikileaks  sólo vienen a demostrar una vez más lo que todos sabemos.

Sin embargo, a más de 70  años de terminada la Segunda Guerra Mundial y del compromiso de la Naciones Unidas con la paz  debemos constatar, en estas últimas décadas, la instalación de bases militares de Estados Unidos en la región, especialmente en Colombia.

La revista Semana de este país publicó tiempo atrás parte del informe en que el Pentágono explica al Congreso de EEUU sus planes para el año 2010 sobre el ‘desarrollo de la base aérea’ de Palanquero.

“Es el primer documento de carácter oficial que menciona el interés que puede tener Estados Unidos de utilizar la base colombiana para ayudar a mantener la ‘seguridad y estabilidad’ frente a países que no simpatizan con Washington”, dice la revista Semana.

El texto presentado ante el Congreso señala que:

“El desarrollo de este Lugar Cooperativo de Seguridad  provee una oportunidad única para operaciones de completo espectro en una sub-región crítica de nuestro hemisferio donde la seguridad y la estabilidad están bajo constante amenaza por insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, por gobiernos anti-Estados Unidos, por la pobreza endémica, y por desastres naturales frecuentes”[2].

Debemos sumar a la presencia de las bases militares de Estados Unidos, la reactivación de la Cuarta Flota, los ejercicios conjuntos con nuestras naciones y los acuerdos con Panamá y Costa Rica para utilizar distintos puertos para sus barcos de guerra.

De acuerdo al diario digital El País de Costa Rica el permiso que otorgó la Asamblea Legislativa fue para la entrada a territorio costarricense de 99 navíos de guerra de Estados Unidos, 1766 individuos y más de 16 mil enlistados, aviones y unos 200 helicópteros “para la supuesta lucha contra el narcotráfico en aguas nacionales”[3].

En una entrevista al abogado Luis Roberto Zamora Bolaños, quien presentó un recurso judicial contra esta determinación, convencido que viola la constitución costarricense, que es la única Constitución que reconoce la existencia del derecho a la paz, Zamora señaló: “Yo estoy contra el narcotráfico pero también estoy en contra que me vean cara de idiota y me digan que eso, todo ese armamento, es para combatir el narcotráfico”[4].

A todo esta injerencia se suma la formación militar e ideológica que hace Estados Unidos a militares y policías de casi toda América Latina ya sea en la Escuela de las Américas, ubicada en Georgia, Estados Unidos, o en la Academia Internacional de Aplicación de la Ley (ILEA) con sedes en El Salvador y Perú.

Sin duda, que podemos concluir con esta rápida mirada que Estados Unidos tiene una mayor influencia y control de nuestra región y es necesario preguntarse por qué y para qué.

Creo que nunca, como ahora, había sucedido algo parecido en nuestra región.  Y todo este despliegue nos debe preocupar ya que Estados Unidos al parecer se prepara para un eventual ataque, en el futuro, contra alguna de nuestras naciones.

También es preocupante que, sólo en esta última década, del 2000 al 2010 hubo cuatro intentos de golpes de estados violentos en América Latina; algunos lograron sacar del poder a presidentes democráticamente electos, otros no lograron ese objetivo. Me refiero a lo que sucedió en Venezuela (2002), Haití (2004), Honduras (2009) y Ecuador (2010).

¿Cómo es posible que tan fácilmente secuestren a cuatros Presidentes? ¿Quién estuvo detrás de esto? ¿Nuevamente, Estados Unidos?

Después de esos sucesos violentos, cambio el modo de operar y vinieron los “golpes suaves”. Fernando Lugo (2012) y Dilma Rousseff (2016).

III  – La Escuela de las Américas 

“A partir de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el aparato estatal-militar de los Estados Unidos dividió el mundo en cinco zonas de dominio, las cuales formaron la base de sus operaciones militares y la subordinación del mundo no comunista al bloque hegemónico capitalista. Conocidas por sus siglas en inglés, son: PACOM (establecida en 1947) para los océanos Pacífico e Índico; LANTCOM (1947) para el Oceano Atlántico; CENTCOM (1983) para la Asia Centro-Sur; EUCOM (1952) para Europa; y SOUTHCOM (1941), concebido por el presidente Roosevelt como ensayo piloto para su expansión mundial, a base de la defensa del Canal de Panamá y consolidación del control sobre su ‘patio trasero’, la América Latina. En el 2007 lanzaron AFRICOM en pos de delimitar e influenciar lo que los colonos solían describir como ‘el continente oscuro. El complejo militar-industrial ha generado un complejo académico-militar en los Estados Unidos cuyo papel en la época posguerra ha sido enfocado en asegurar, expandir y proteger los intereses económicos y geopolíticos del imperio. La Escuela de las Américas es lejos de ser la única institución involucrada, a pesar de su importancia”[5].

La Escuela de las Américas, para quienes no la conocen, es una academia militar fundada en 1946 en Panamá bajo la dirección del Ejército de Estados Unidos y cuyo objetivo inocente y público es adiestrar a soldados latinoamericanos en materias militares.

Desde ese año hasta la actualidad, 2017, más de 80 mil soldados, policías y civiles de América Latina han recibido y reciben instrucción militar e ideológica en este lugar.

En el año 1946 se le conoció como Centro de Adiestramiento Latinoamericano del Ejército de los EE.UU. y estuvo ubicado en el Fuerte Amador en Panamá.

En 1948 se llamó Escuela de Fuerzas de Tierra de América Latina y estuvo ubicada en el Fuerte Gulick en Panamá.

En 1949 se llamó Escuela del Caribe del Ejército de los EE.UU.

A partir de 1963 se le comenzó a llamar Escuela de las Américas (SOA o School of Americas, en inglés).

Hasta 1984 funcionó en Panamá y fue expulsada desde esta nación conforme a los tratados Torrijos-Carter de 1977.

Quiero recordar parte del discurso pronunciado por el ex Presidente de la República de Panamá, Jorge Illueca, en la ceremonia de izada de la bandera de Panamá, en el Fuerte Gulick, donde funcionó la antigua Escuela de las Américas.

“La cesación del funcionamiento de la Escuela de las Américas resguarda a nuestro país de imputaciones infundadas sobre la tolerancia del uso de su territorio para la preparación de contingentes destinados a intervenir en acciones bélicas y políticas en terceros países que suscita amargas controversias en la esfera mundial. Existe en el presente y se difunde cada vez más una aguda sensibilidad respecto al adiestramiento de Fuerzas Militares de países latinoamericanos susceptibles de confrontaciones con otros de la región. Ello fue motivo para que Panamá fuese señalada no tanto por servir de centro de instrucción militar para latinoamericanos sino como establecimiento de una enorme base para provocar el resentimiento y desestabilización de varios países a tiempo con la amenaza de utilizar la fuerza como medio de resolver militarmente las divergencias y controversias entre países hermanos de la región”[6].

A partir de 1984 la Escuela de las Américas comenzó a operar en el famoso Fuente Benning, en Georgia, Estados Unidos.

El 17 de enero del 2001 cambio nuevamente de nombre y hoy se le conoce como Instituto de Cooperación y Seguridad del Hemisferio Occidental (WHINSEC, en inglés). A pesar del cambio de nombre, sigue siendo lo mismo o dicho de otra manera cumple el mismo objetivo de siempre.

Decíamos anteriormente que la CIA ha influido directamente en todos los golpes de estado en América Latina. Entre los ejemplos, dice Robert Austin, podemos encontrar, por mencionar algunos, el derrocamiento del gobierno popular de Arbenz en Guatemala (1945); el golpe de estado brasileño (1964); la instalación de un régimen títere en la Republica Dominicana (1965); el derrocamiento de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile (1973), el golpe militar argentino (1976) y las invasiones a Granada (1983) y Panamá (1989).

“En todos estos casos, los lideres de las fuerzas armadas locales han sido entrenados en la Escuela de las Américas del Ejército estadounidense”, dice Austin.

Fue en la Escuela de las Américas donde se comenzó a inocular la Doctrina de la Seguridad Nacional que enseñó a los militares latinoamericanos el concepto del “enemigo interno”.

Y esos “enemigos” no sólo eran, en esos tiempos de la guerra fría, los comunistas o los revolucionarios, sino todos aquellos que levantaran las banderas de sus derechos, que cuestionaran el “orden establecido”, o que se rebelaran contra las injusticias.

Amnistía Internacional en su libro publicado el 2001, “Un comercio Execrable: el comercio de la Tortura”, señaló que “los torturadores no nacen: alguien los educa, los entrena y los apoya”, señalando a la Escuela de las Américas como uno de los “centros de instrucción”. La historia de muerte que rodea a los graduados de la Escuela de las Américas es larguísima: Cientos de miles de desaparecidos y ejecutados políticos, centenas de miles de torturados, exiliados, y presos políticos dejaron en las dictaduras pasadas.

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Muchos tienden a pensar que esa historia acabó desde que la Escuela de las Américas cerró sus actividades en Panamá. Otros se han dejado engañar con el nuevo nombre que hoy tiene. Sin embargo, la “industria de asesinos” sigue funcionando y se preparan para nuevas tragedias.

Por supuesto, Estados Unidos siempre negó que se enseñaran materias contrarias a los derechos humanos pero tarde o temprano la verdad siempre se conoce por más que se intente ocultar.

Es así que en 1996  la opinión pública norteamericana conoció parte de los Manuales  de Entrenamiento Militar que eran utilizados, los que aconsejaban “…aplicar torturas, chantaje, extorsión y pago de recompensa por enemigos muertos”.

La Escuela de las Américas, o la WHINSEC, dice actualmente que se guían por los principios de la OEA y de los Derechos Humanos. Tenemos fundadas dudas que esto sea así.

Por ejemplo, desde el año 2005 no nos entregan los nombres de los soldados que asisten a estos cursos aparentemente tan inofensivos.

Anteriormente, dispusimos de más de 60 mil nombres de militares latinoamericanos lo que permitió monitorear cuáles de ellos estaban implicados en violaciones a los derechos humanos.

¿Qué esconden? ¿Por qué no revelan los nombres de los soldados que asisten actualmente?

Colombia es el principal cliente de la Escuela de las Américas y en Colombia, según un Informe de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos sobre Colombia del 2010, el total de personas desparecidas registradas en el Registro Nacional de Desaparecidos sumaba 51.310, de las cuales 12.632 podrían ser consideradas como desapariciones forzadas, es decir, personas desparecidas por agentes estatales[7].

Con base en los datos existentes sobre casos y víctimas, el Informe estima que más de 3.000 personas pudieron haber sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales, atribuidas principalmente al Ejército. La gran mayoría de estos casos ocurrieron entre los años 2004 y 2008.

Un informe de FOR titulado “Falsos positivos en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos 2000 – 2010” encontró una correlación positiva entre las unidades y oficiales que recibieron asistencia y capacitación Estadounidense, y las ejecuciones extrajudiciales cometidas.

Fueron miles las ejecuciones extrajudiciales en Colombia, antes de los inicios de los diálogos de paz, los mal llamados “falsos positivos” donde civiles eran asesinados y luego pasados por guerrilleros “muertos en combate”.Colombia fue y es el principal país que sigue enviando militares a la Escuela de las Américas ahora llamada WHINSEC.

De acuerdo al Informe “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad” el conflicto armado dejó en Colombia al menos 220.000 personas asesinadas, 25.000 desaparecidas en el periodo comprendido entre 1958 y 2012. El 82 % de las víctimas fueron civiles.

¿En cuántos de estos casos están involucrados los nuevos graduados de la Escuela de las Américas?

Por otra parte, en la mentalidad militar estadounidense siguen pensando que al enemigo hay que eliminarlo, sin derecho a juicio ni nada de eso. Muchas veces por encima de la ley y el derecho internacional.

Por ejemplo, a los nuevos graduados de la Escuela de las Américas les dan un entrenamiento que se llama “Fundamentos de Operación para Despejar un Cuarto y donde se lee expresamente en la pizarra que se debe “Eliminar al Enemigo”.

Esa misma “enseñanza” la aplicaron los comandos especiales que ejecutaron a Osama Bin Laden, no me cabe duda.

Pero en el Fuerte Benning, donde opera la Escuela de las Américas, no sólo se entrenan a soldados latinoamericanos y es famosa por eso.

En la Revista Rolling Stone, de junio de 2006, en un reportaje titulado “Fábrica de Matar” se señaló que en el mismo Fuente Benning se adiestran además a miles de soldados norteamericanos bajo los métodos de entrenamiento llamado de “Control Total” donde se prepara a los infantes a resistir y asesinar al enemigo sin muchos sentimentalismos.

Allí, por ejemplo, se entrenó Timothy McVeigh quien asesinó a 168 personas, el 19 de abril de 1995, colocando una bomba en un edificio de Oklahoma en Estados Unidos.

Timothy, como muchos otros soldados, gritaba en sus ejercicios: “la sangre hace crecer el pasto ¡Maten, maten, maten!”.

En ese mismo campo de entrenamiento donde se preparan los soldados de Estados Unidos también se están preparando los militares de América Latina.

Por todo esto, no nos sorprendió que el 2009, dos graduados de la Escuela de las Américas, el ex Jefe del Estado Mayor Conjunto, Romeo Vásquez y el Jefe de la Fuerza Aérea, General Luis Prince Suazo, encabezaron el Golpe de Estado en Honduras.

Ni nos sorprendió los manuales de tortura que utilizaba la CIA con los prisioneros de Guantánamo descubiertos el 2009.

Por todo lo anterior nuestro movimiento trabaja para cerrar la Escuela de las Américas o la WHINSEC.

Quiero recordar, que el 2006 nuestro líder Roy Bourgeois y Lisa Sullivan estuvieron en Argentina para pedirle al gobierno que no siguieran enviando soldados argentinos a la Escuela de las Américas.

Para nuestra sorpresa, el gobierno de esa época accedió y desde entonces ningún militar argentino va a esta academia militar.

La Ministra de Defensa de entonces, Nilda Garre, señaló que:

“La Escuela de las Américas ha hecho mucho mal y aún sigue intentando impulsar dentro de las Fuerzas Armadas las hipótesis de la ‘lucha contra el narcotráfico, y lucha contra el terrorismo’. Nosotros, por nuestra legislación interna, decimos que narcotráfico y terrorismo son hipótesis que deben ser combatidas desde las fuerzas de seguridad y no desde las Fuerzas Armadas, para no volver al tema de que las FF.AA. se involucren en temas de política interior y empiece a perseguir, entre comillas, a ‘terroristas y narcotraficantes’, desplegados en el territorio y metiéndose con la población civil”[8].

También los gobiernos de Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Venezuela no siguen enviando tropas a esta nefasta institución.

Sin embargo Colombia, Chile, Paraguay, Brasil, Guatemala. México, El Salvador, Honduras, Panamá, Uruguay y Costa Rica siguen enviando instructores, soldados o policías a esta academia militar.

También en el Congreso de Estados Unidos estuvimos a seis votos de ganar una enmienda, que es patrocinada por el representante demócrata Jim McGovern, para cerrar la Escuela de las Américas y crear una Comisión de la Verdad para que investigue qué ha ocurrido en esta también llama “Escuela de Asesinos”.

Esperamos que este proyecto legislativo u otro similar pueda ser presentando, en el futuro, cuando exista una mejor correlación de fuerzas en el Congreso de los Estados Unidos, a favor del respeto a los derechos humanos.

También es bueno que debatamos qué “Escuela Militar” necesitamos para todos los soldados de toda América Latina.

Creo, no para aprender el manejo del M16 ni como combatir sino para aprender a crear lazos de amistad entre los pueblos, para aprender ecología y derechos humanos que son materias que poco se enseñan en los institutos armados.

IV- El Derecho a la Seguridad

Dice el abogado Roberto Garretón que:

“El derecho humano a la seguridad está consagrado en el artículo 3 de la Declaración Universal y 1 de la Declaración Americana junto a la vida y la libertad; y en los artículo 9 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos y 7 de la Convención Americana, 6 de la Carta Africana de los derechos humanos y de los pueblos, 5 del Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, en todos estos casos ligado sólo a la libertad”.

“El derecho a la seguridad consiste en la certeza del goce de todos los derechos humanos, y en este sentido es un derecho integrador de todos los demás. Mientras el ciudadano no sienta asegurado sus derechos a no ser discriminado; a no ser torturado; a no ser encarcelado arbitrariamente, a no ser víctima de delitos; a que va a comer esta noche, y sus hijos serán educados gratuitamente, y tendrán atención de salud, va a buscar esa seguridad recurriendo al delito, con lo que va a comprometer la seguridad de todos los demás. O va a buscar alivio en la droga. O será impulsado a la rebelión”.

Debemos entender por lo tanto que la seguridad es un tema mucho más profundo.

De hecho, han pasado más de 68 años desde la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los derechos están lejos de ser garantía para toda la humanidad. Vale preguntarse entonces, cuán sinceras eran las intenciones de los presidentes de los países que impulsaron la creación de Naciones Unidas en cuanto a mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Vale preguntarse también,  qué aprendimos de la Segunda Guerra Mundial y su rastro de muerte, fanatismo y egoísmo racial.

Creo que son más sinceras las palabras de uno de los principales arquitectos de la política exterior norteamericanas, dichas ya en el año 1948, George Kennan, y que explican, en alguna medida, el porqué de este “desarrollo desigual” entre los pueblos y de por qué las aspiraciones de Naciones Unidas no se han cumplido ni quizás se cumplirán, a pesar de las metas del milenio de acabar con la pobreza.

Kennan decía, “nosotros tenemos el 50 % de las riquezas mundiales pero sólo el 6.3% de la población… En esta situación, seremos objeto de envidia y resentimiento. Nuestra verdadera tarea es la de crear un sistema de relaciones que nos permitan mantener esta posición de desequilibrio sin problemas de seguridad nacional. Para conseguir esto debemos deshacernos de todo sentimentalismo y ensueños y toda nuestra atención debe concentrarse en nuestros objetivos nacionales inmediatos. No necesitamos engañarnos hoy con el lujo del altruismo  y con ser el bien hechor mundial…”.

Si consideramos las palabras de Kennan y pensamos en lo que han sido las relaciones de los Estados Unidos con América Latina podemos darnos cuenta del verdadero interés que prevalece por sobre los derechos humanos de nuestro continente.

La deuda externa ha sido durante décadas un instrumento de dependencia y estancamiento para nuestros países a favor de los intereses norteamericanos. La receta de los “Chicago boy´s” largamente experimentada en nuestros países enajenó nuestras pocas industrias estratégicas y privatizó nuestros recursos básicos a beneficio del capital transnacional. Todo esto ha contribuido a “mantener esta posición de desequilibrio” para garantizar el bienestar y la supremacía de unos pocos.

Primo Levi, sobreviviente del holocausto de la Segunda Guerra Mundial, contaba en una entrevista que en el Lager, como el le llama al Campo de Concentración, no todos tenían cuchara para comer. Para tener una, la tenían que ganar con mucho sacrificio y trabajo, en caso, por supuesto, que sobrevivieran y no fueran a dar directamente a la cámara de gas. Por lo tanto, siempre había presos que no tenían una sencilla cuchara para llevarse la escasa comida a la boca. Primo Levi recuerda que al final de la guerra encontraron extrañamente una bodega llena de cucharas. Todo un simbolismo.

Mientras en el mundo más de 40 millones de niños mueren de enfermedades curables o millones de seres humanos mueren de hambre se siguen escondiendo las cucharas que podrían alimentar y curar al mundo.

Nosotros creemos que la Escuela de las Américas debe cerrarse definitivamente y que sus responsables deben rendir cuentas por los miles de atropellos a los derechos humanos.

Muchas gracias a nombre de SOAW por esta invitación.

Por Pablo Ruiz de SOAW. Esta ponencia ha sido actualizada al 2017. Fue presentada en agosto del 2011 en, la ciudad de Fortaleza, Brasil.

PDF: ponencia_fortaleza

[1] Historia de la Declaración. http://www.un.org/spanish/events/humanrights/2008/history.shtml

[2]  http://www.semana.com/nacion/yankees-welcome/130763-3.aspx

[3] http://www.elpais.cr/articulos.php?id=28231

[4] En tribunales: luchando por el Derecho a la Paz – http://www.fuerabases.org/site/entrevistas/121-en-tribunales-luchando-por-el-derecho-a-la-paz.html

[5]  Robert Austin, Reseña de la mesa temática.

[6]  Discurso al cerrarse la Escuela de las Américas en Panamá – http://www.soawlatina.org/doc2.html

[7] http://www.hchr.org.co/publico/comunicados/2010/comunicados2010.php3?cod=43&cat=81

[8] http://www.voltairenet.org/article137526.html

 

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