La OTAN no es la solución, es parte del problema

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El 24 de mayo pasado, más de 12.000 manifestantes – intergeneracionales e interculturales – desfilaron, con cantos, gritos y pancartas, por las calles de Bruselas contra la política de Donald Trump y de la OTAN: ¡No a la guerra! ¡No a la discriminación, al racismo y la homofobia! ¡No a las políticas de austeridad y la contaminación ambiental!, fueron lo central de las consignas.

A la cita acudieron activistas internacionales y belgas del ámbito social, político, asociativo, sindical, pacifista, ambiental, feminista, gay, migratorio, anti-racista y muchos más. Como también representantes de los pueblos originarios y activistas de las tribus Sioux que resisten en EEUU contra la construcción de gaseoductos que contaminan y envenenan sus tierras.

La presencia, vistosa y activa, de la “Coordinadora latinoamericana de Solidaridad” también se hizo notar.  Organizaciones y activistas latinos y belgas se manifestaron en defensa del proceso bolivariano de integración latinoamericana: la defensa de la soberanía de Venezuela, su revolución y gobierno; y también a favor del proceso de paz en Colombia ocuparon un lugar central. Ambos procesos se encuentran fuertemente agredidos por los paladines del imperio: las medias mundiales, las fuerzas de derechas, el paramilitarismo y el fascismo.

Dos visiones opuestas del mundo

Por un lado, aquellos que no dudan en sacrificar el planeta y las conquistas sociales de los trabajadores en beneficio de sus fructuosos y multimillonarios negocios; y por otro, aquellos que resisten contra el desmantelamiento de la justicia social, el derroche, la discriminación, la insalubridad, la contaminación, el cambio climático, la inseguridad, las políticas anti-migratorias y la pauperización de la vida que se implementan por las políticas neoliberales que muchos gobiernos siguen.

En materia militar, los líderes europeos sufrieron una humillación sin precedentes. Trump les reprochó abiertamente de no ser capaces de cubrir los gastos de su propia defensa y les pidió el cumplimiento al equivalente al 2% del PNB de aquí al 2024. Lo que significa unos 119 mil millones de dólares anuales para la Unión Europea y unos 5 mil millones anuales para Bélgica.

Todo esto, en un contexto generalizado, de desmantelamiento de la seguridad social y mientras por ejemplo, el gobierno belga ha anunciado que quiere economizar 400 millones de euros por año en el pago de pensiones de vejez.

A toda la inseguridad de la vida, debemos sumar que el presidente Trump anunció ya la salida de EEUU de los Acuerdos de Paris.  Contrariamente al 97% de la comunidad científica, Trump señaló que “nadie sabe realmente si el cambio climático es real”.

Dicho acuerdo, a pesar de no ser restrictivo, constituye un medio de presión importante para los ambientalistas que luchan contra el cambio climático y representa, por su carácter urgente y universal, un compromiso importante como, por ejemplo, el acuerdo de no sobrepasar los 2°C.  Nótese que Estados Unidos es el país que más emisiones de carbono lanza a la atmósfera en beneficio de los intereses de la gran industria fósil norteamericana.

Geopolítica imperial y OTAN 

Al calor de los hechos históricos, podemos afirmar que la OTAN no nació como instrumento de defensa en el sentido de protección y seguridad para la población civil sino como una maquinaria de guerra. Su objetivo es geopolítico: defender los intereses económicos de las multinacionales occidentales y asegurar la procuración de recursos naturales en beneficio de la dominación capitalista e imperialista occidental.

De ahí, la necesidad de inventarse enemigos y amenazas permanentes para existir. Ayer la “amenaza roja de Moscú” justificó su creación; hoy, el terrorismo islámico justifica su existencia y accionar. O también, el invento de sanguinarios dictadores en Irak, Libia, Siria y Corea del Norte.

Nótese que después de la caída del muro de Berlín, la OTAN ha seguido operando con mucho más fuerza y agresión: Yugoslavia, Afganistán y Libia cuentan millones de muertos y están lejos de alcanzar la paz.

El delirio de Trump y sus llamados a la guerra contra Irán, en su paso por Arabia Saudita e Israel, no pueden dejarnos indiferentes. Bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, Trump anunció que entregará el equivalente de 100 mil millones de euros en armas a Arabia Saudita – principal sostén (ideológico y material) del terrorismo de Daesh.

Al igual que Irak el año 2003, la estrategia apunta a desestabilizar la región en beneficio de los multimillonarios negocios del petróleo, la industria militar y del propio terrorismo que dicen combatir.

Por su lado, Trump ha anunciado el aumento del presupuesto militar de los Estados Unidos en 54 mil millones de dólares más para el 2018 cuando con los  570 mil millones ya invertidos cuenta con un presupuesto militar superior a la suma de las 10 primeras potencias mundiales juntas.

La sed de la competencia capitalista hace que la OTAN, empujado por la megalomanía imperial de los Estados Unidos, busque también desestabilizar la sensible Siria y debilitar también, los países emergentes como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, África del Sur). Al mismo tiempo, continúa incrementando su injerencia político-militar en países de África y América latina.

El fin último, en una actitud abiertamente provocadora y beligerante, es acorralar militarmente a Rusia y China. Se trata de una amenaza seria contra la paz, la humanidad y la vida donde los más expuestos son los sectores más vulnerables de la sociedad. 

Resistencia y unidad 

Efectivamente, los intereses de los trabajadores y sectores populares nada tienen que ver con los intereses de los señores del capital y la guerra  defendidos por Trump, la OTAN y la Unión Europea.

La OTAN no es la solución sino más bien, es parte del problema. Oponerse a sus políticas y existencia es por cierto, una tarea ineludible pero también lo es la resistencia contra el capitalismo donde el consumo, la competencia y la guerra van de la mano. El capitalismo nunca ha sido, no es y no será sustentable ni pacífico.

Actualmente, estamos en una configuración mundial muy peligrosa y la política de Trump y el imperio requiere una respuesta contundente. Respuesta que pasa ciertamente, por la justeza de nuestra convicción pero también por la correlación de las reivindicaciones particulares y la unidad de la gran mayoría que somos.

Ciertamente, requerimos seguir ocupando las calles, los espacios sociales y políticos – institucionales o no – mediante denuncias y acciones permanentes como también, hacer valer los inaplicados principios de Naciones Unidas y del derecho internacional favorables al desarrollo de políticas de paz y que la OTAN, mediante invasiones y ocupaciones, desconoce ilegal e impunemente. Paralelamente, hay que favorecer toda iniciativa regional que obre en el sentido de la paz y la justicia social; porque lo cierto es que sin justicia social no habrá paz.

La paz es una construcción permanente y continua. La lucha es esperanza

 

Por Patricia León

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